¿Qué te ha dado el ejercicio?
En un par de meses, cumplo 18 años desde que pisé un gimnasio por primera vez.
No ha sido siempre fácil.
Momentos donde ves progreso de acuerdo a tus objetivos y te motiva a redoblar esfuerzos.
Momentos donde te estancas y simplemente no estás seguro si vale la pena el sacrificio.
Lesiones que te obligan a valorar lo que es un cuerpo sano y fuerte.
Movimientos y habilidades que demandan una paciencia increíble para dominarlos.
Maestría en ciertos ejercicios que parece nunca llegar.
La satisfacción de cumplir con tu palabra cuando te prometiste ayer que harías ejercicio e ibas a comer de forma adecuada.
En 18 años, he pasado por cualquier etapa que te puedas imaginar.
Una disciplina obsesiva que te hace alcanzar resultados increíbles, pero con costos que no todos están dispuestos a pagar.
Etapas maravillosas donde todo parece estar en balance y disfrutas muchísimo ir al gimnasio, y el entrenamiento, alimenta para bien las demás áreas de tu vida.
Momentos de mucha angustia en el trabajo donde el gimnasio se convierte en el único escape para etapas difíciles.
En un mundo donde pocas cosas parecen estar dentro de nuestro control, el gimnasio ha sido un refugio que me ha permitido cosechar:
Disciplina, para presentarte incluso cuando no tienes ganas.
Compromiso, con las promesas que te haces a ti mismo.
Paciencia, porque el progreso real nunca es instantáneo.
Resiliencia, al superar lesiones, estancamientos y desafíos.
Autoconocimiento, al entender lo que tu cuerpo necesita y cómo responde.
Humildad, al reconocer que siempre hay algo nuevo que aprender o mejorar.
Gratitud, por la oportunidad de moverte, mejorar y cuidar tu cuerpo.
Fuerza mental, porque el entrenamiento no solo moldea los músculos, sino el carácter.
Cambiar tu apariencia física te puede hacer comenzar, pero para quedarte, para hacer del entrenamiento parte de tu vida, necesitas encontrar un significado más profundo en el proceso.
No se trata solo de cómo te ves, sino en quién te conviertes en el camino.