¿Qué Determina tu Límite Real?
Insatisfecho con la primera parte del experimento, Curt Paul Richter decidió llevar a cabo una variación posterior.
Esta variación consistía en lo siguiente: sacar a las ratas del agua justo antes de hundirse y morir ahogadas.
Les daba oportunidad a las ratas de recuperar su aliento y descansar un poco para luego volverlas a colocar en el agua. Y es aquí donde se encuentra lo más interesante de todo.
Como recordarás de la intro, las ratas promediaban 15 minutos en el recipiente antes de darse por vencidas y morir ahogadas. En la variación, dónde las sacaba del recipiente y las volvía a colocar en el agua después de un breve descanso, las ratas comenzaron a promediar horas en lugar de esos 15 minutos.
Cuando escuché por primera vez acerca de este experimento en un podcast, lo primero que pensé fue que habían incrementado su tiempo promedio 1-2 horas, pero en realidad, las ratas comenzaron a promediar alrededor de 60 horas dentro del recipiente (no, no es exageración).
Misma rata. Mismo recipiente. Misma fisiología. Una mentalidad distinta.
Al ser rescatadas, las ratas crearon una interpretación muy distinta de la situación. El comportamiento cambió radicalmente ante la posibilidad de que las cosas salieran a su favor tarde o temprano.
No es que las ratas hayan desarrollado esperanza como nosotros la entendemos. Es que su comportamiento cambió cuando la situación dejó de ser percibida como inevitable.
La mente se quiebra mucho antes que el cuerpo. Y eso abre una pregunta incómoda:
¿Cuántas veces nos hemos rendido, no porque ya no podíamos, sino porque interpretamos que ya no había salida o que el resultado era inevitable?
Todos reaccionamos de formas distintas ante el mismo estrés, como también, todos podemos más de lo que creemos en realidad.