Está bien sentir lo que sientes
Era mi cumpleaños número 30.
Los mensajes, llamadas y una que otra foto de Piolín mandada por una tía no se hicieron esperar.
Después de contestar algunos mensajes y agradecerles a todos por tomarse el tiempo de pensar en mí, me di cuenta de algo extraño: no estaba sintiendo lo que "se supone" debería sentir.
No estaba particularmente emocionado. No estaba eufórico. No sentía que fuera un día especial.
Y por alguna razón, eso me hizo sentir culpable.
Después de todo, ¿no debería estar feliz? ¿No debería sentirme agradecido? ¿No debería estar disfrutando cada minuto de un día que tanta gente se había tomado el tiempo de hacer especial?
Y fue entonces cuando me di cuenta de algo:
Parece que existe una lista invisible de emociones "correctas".
En tu cumpleaños deberías estar feliz.
Cuando consigues un ascenso deberías estar emocionado.
Cuando empiezas una relación deberías sentir mariposas.
Cuando alcanzas una meta deberías sentirte realizado.
Y cuando eso no ocurre, pues aparece la culpa. Y como detectives/psicólogos, comenzamos a buscar razones o darle explicación a lo que estamos sintiendo. Pero, ¿qué ocurre si no la hay? Pues provoca que a veces nos sintamos peor porque creemos que debe haber algo malo con nosotros mismos.
Pero, ¿qué tal si las emociones no siguen reglas sociales? ¿Qué tal si simplemente nos sentimos de cierta manera y no necesitamos saber de dónde viene tal emoción?
Hay personas que disfrutan profundamente sus cumpleaños y otras que los encuentran incómodos.
Hay quienes terminan una relación y sienten alivio en lugar de tristeza.
Hay quienes alcanzan una meta que persiguieron durante años y, en lugar de euforia, sienten una sensación inesperada de vacío.
Y nada de eso está mal.
Creo que a veces el problema no suele ser la emoción inicial. El problema aparece cuando empezamos a pelear con ella.
Pero las emociones no son exámenes que debamos aprobar. No necesitas justificar su existencia para ser válidas.
Aceptar una emoción no significa que te guste. Solo significa que dejaste de discutir con la realidad y puedes seguir adelante.