La Base de una Buena Vida
“Tú me completas” le dice un cabizbajo Tom Cruise a su esposa frente a un grupo de mujeres. Con un semblante que refleja tristeza y soledad, le confiesa cómo, a pesar de haber tenido éxito en su iniciativa de negocio, las cosas no tienen sentido si ella no está con él para compartirlas.
“¡Puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán la libertad!” grita un exaltado William Wallace antes de la Batalla de Stirling. Líder rebelde de un grupo de escoceses que busca independizarse de los ingleses, William lanza una decidida arenga frente a sus compatriotas antes de una batalla que definirá el futuro de Escocia.
Después de 7 años vendiendo faxes y de enfrentarse al rechazo diario de las ventas en frío, Sara Blakely decide asistir a una fiesta. Frustrada con cómo se le ven los pantalones, procede a cortarle las piernas a unas pantimedias para usarlas por debajo de los pantalones. La estética visual que crean las pantimedias cortadas dan origen a su idea de negocio y a una empresa valuada en más de mil millones de dólares sin inversión externa.
Hay momentos como estos que, al escucharlos años más adelánte, o verlos en alguna película, parece ser que marcaron un antes y un después, y sin ellos, pueda nada hubiera sucedido...
El discurso proclamando el amor que siempre le has tenido a la persona frente a un grupo de personas y provocan que se enamore profundamente de ti.
Una arenga motivacional que le da aliento a los escoceses independentistas para sacrificar su propia vida en nombre de la libertad.
Una fiesta y unos pantalones que simplemente no te quedan como quisieras, pero inspiran en ti la solución a un mercado de miles de millones de dólares.
Las películas de Hollywood, las historias de éxito, los relatos míticos de empresas como Apple que empezaron en “el garaje de casa de los padres de Steve Jobs”, nos hacen creer que hay ciertos momentos que lo cambian todo, pero nos hacen olvidar algo más importante.
Porque yo me pregunto:
¿Qué efecto habría tenido el discurso de Tom Cruise si no hubiera estado día a día con su esposa? Si no hubiera estado presente cuando ella lo necesitaba. Si no hubiera jugado con su hijo siendo mamá soltera. Si no hubiera demostrado más de una vez que en realidad la amaba.
¿Los escoceses habrían reaccionado de la misma manera ante las palabras de William Wallace si él no les hubiera demostrado, a través de sus acciones diarias, que estaba dispuesto a sacrificarse por ellos?
¿Spanx se habría vuelto una empresa valuada en más de mil millones de dólares solo porque era una buena idea? O, fue en realidad porque Sara iba diario a Neiman Marcus a vender su propia mercancía, y día tras día, realizó las acciones necesarias para “ganar el día”.
Estas historias pueden crear algo de esperanza. Nos hacen creer que, sin importar en qué circunstancia nos encontremos, a todos nos espera un momento así. Nos espera un momento que podrá cambiar el destino de nuestras vidas. Un solo momento de valor, de coraje, un momento donde tengamos las agallas de decir las palabras, conocer a la persona correcta o tener esa gran idea que revolucionará algún mercado.
Y no digo que esos momentos no se den o no existan, pero nos hacen perder de vista lo más importante, la base de una buena vida, y lo único que tenemos, quizá: eso es GANAR EL DÍA.
Todos tenemos sueños de lo maravillosa que podría ser la vida…
…si tuviera el dinero para comprar un departamento.
…si lograra el ascenso en el trabajo y pudiera controlar más mis horarios.
…si conociera al amor de mi vida.
…si tan solo tuviera esos glúteos perfectos o un abdomen de lavadero.
...si tuviera mejor salud.
Estos sueños son importantes. Son lo que nos puede mostrar el camino que debemos recorrer. Pero es ahí es donde se encuentra la verdadera victoria: en el día que tienes frente a ti.
Ganar el día puede significar algo muy distinto para cada persona.
Para mi prima, que simplemente no ha encontrado del todo el camino de vuelta al gimnasio, ganar el día es hacer tan solo una serie de algún ejercicio. Si llevas años en el gimnasio, ganar el día podría ser mejorar tu técnica en algún ejercicio, subirle el peso 10 libras a tu sentadilla, intentar un ejercicio totalmente nuevo que te saque de tu zona de confort.
Si tu sueño es escribir un libro, ganar el día podría ser sentarte durante 5 minutos y leer algo relacionado con el tema. Si llevas un tiempo escribiendo, ganar el día podría ser escribir un mínimo de 500 palabras.
Si la meta es comenzar ese negocio, ganar el día podría ser mandar ese primer correo incómodo. Hablar con un cliente potencial. Registrar el nombre. Diseñar un primer boceto. O simplemente, sentarte 10 minutos a pensar con claridad qué problema quieres resolver. Si ya empezaste, ganar el día podría ser cerrar una venta más, mejorar tu producto un 1%, o enfrentar esa conversación que has estado evitando.
La acción en sí es lo de menos. Lo que importa es que exista y que vaya acorde al nivel en el que te encuentras. No muy fácil, pero tampoco muy difícil.
La vida no se construye en los momentos que parecen sacados de una película. En el discurso que diste frente a una multitud o con esa “gran idea” que tiene el potencial de cambiar el mundo.
Se construye en lo que haces todos los días. En lo que decides hacer hoy, aunque sea poco. Se construye cada vez que logras “ganar el día”.
Y es curioso, porque cuando juntas suficientes días ganados, de pronto, esos “momentos que lo cambian todo” aparecen. No llegan como milagros. Llegan como consecuencia.
No esperes el discurso perfecto, la idea millonaria o el golpe de suerte. Hoy tienes un día frente a ti.
Gánalo.