El mundo siempre jala hacia lo “normal” y lo conocido
Después de 27 años en Amazon, Jeff Bezos se sentó a escribir su última carta anual a los accionistas. No era una carta cualquiera. Era su despedida como CEO y, quizá por eso, decidió cerrar volviendo al principio.
Desde el Día 1, Bezos habló de una obsesión: mantenerse diferente, no dejar que la empresa se volviera típica. Entender que, la diferenciación, no ocurre sola, y que sostenerla, exige energía constante. El mundo siempre jala hacia lo “normal” y lo conocido.
Para explicarlo, Bezos citó a Richard Dawkins y una idea básica de la biología: la vida solo existe mientras se resiste al equilibrio. Es decir, si los seres vivos no trabajan activamente para evitarlo, eventualmente se fusionarán con su entorno. Eso es lo que sucede cuando mueren.
Bezos lo usó como metáfora empresarial y la energía que requiere el ser distintos.
Yo no pude evitar leerlo como una advertencia personal y la energía que requiere dejar a nuestro antiguo yo atrás.
El Año Nuevo suele venir cargado de intenciones, propósitos, promesas, listas y sueños renovados. Pero pocos días después, algo empieza a jalarte de vuelta. No de golpe. Poco a poco. Casi sin que lo notes.
La versión de ti que quieres dejar atrás tiene una fuerza gravitacional cabrona. Horarios, cansancio, creencias, comodidad, identidad, hábitos, personas... Todo eso genera una fuerza que te atrae de regreso.
Netflix le gana al libro.
El “mañana empiezo” vuelve a aparecer.
Y el primero de enero se siente cada vez más lejano.
Si no inviertes energía de manera consciente y constante, inevitablemente regresarás al punto de equilibrio: a lo que ya conoces, a lo que no exige esfuerzo, a lo que no incomoda. Eventualmente nos fusionamos con el entorno, en este caso, con el "yo" que queríamos dejar en el 2025.
El error no es caer. El error es no entender que el cambio nunca se sostiene solo.
Y la única forma de resistir esa fuerza es trabajando todos los días contra ella.