¿Y si no te estás esforzando... a propósito?
Me gusta ver la foto del inicio.
Puede parecer algo tonto, pero me recuerda cuánto he avanzado en un área de mi vida que alguna vez me generó incomodidad, incluso dolor.
Me pasa lo mismo cuando pienso en cómo han mejorado mis habilidades sociales. Pasé de no poder pedirle la hora a un desconocido, a ser capaz de generar conexiones reales con personas que acabo de conocer.
Tal vez para otros esto no signifique mucho. Pero para mí, es una prueba de lo que soy capaz cuando me esfuerzo de verdad. Es evidencia de lo que puedo lograr cuando realmente quiero algo y doy los pasos necesarios para conseguirlo.
Estoy seguro de que tú también tienes ejemplos así en tu vida.
Momentos en los que algo no te gustaba de ti o de tu entorno, y lograste transformarlo.
Un reto personal que asumiste y completaste.
Un proyecto que comenzaste y no soltaste hasta terminarlo.
Estoy convencido de que más de una vez te has sentido orgulloso u orgullosa al verte al espejo, reconociendo a la persona en la que tuviste que convertirte para lograr algo importante.
Has visto tu potencial expresado. Has visto cómo las cosas pueden cambiar con dedicación y constancia.
¿Y si eso es justo lo que nos asusta?
¿Y si por eso no nos esforzamos al 100% en otras áreas?
¿Y si no darlo todo es, en realidad, una excusa perfecta por si las cosas no salen como esperamos?
Cuando sabemos de lo que somos capaces, cuando hemos probado nuestra fuerza y potencial, se vuelve más arriesgado enfrentarse a la posibilidad de fallar. Porque si nos esforzamos de verdad y no lo logramos… ¿qué significa eso sobre nosotros?
Entonces, sin darnos cuenta, preferimos no darlo todo. Nos reservamos. Nos detenemos a propósito. Porque así, si no funciona, podemos decirnos: “es que no me esforcé lo suficiente”. Pero el verdadero miedo no es al esfuerzo. Es a esforzarnos y no lograrlo. Es a poner en duda lo que creemos ser capaces de lograr.
Y ahí entra la mente lógica, la que arma historias. Nos dice que quizá no lo queríamos tanto. Que si no nos esforzamos, tal vez era porque no era para nosotros.
Y nos lo creemos.
Pero si nos dejamos de mentir, veremos que sí lo queríamos, pero el miedo a que las cosas no funcionasen, el miedo a poner en duda ese potencial, nos hace hacer las cosas a medias.
Me he estado cachando en estas historias últimamente. Y sé que éstas nunca van a acabar. Así es como funcionamos. Pero creo que, dándonos cuenta de las falsas narrativas que creamos, podremos cambiar el rumbo. Podremos ser un poco más libres y deliberados en lo que hacemos.
Podremos contar una historia nueva y actuar acorde a ella; no solo actuar y luego crear una historia que cobije dichas acciones.