¿Qué estás sembrando hoy?
¿Has escuchado acerca del proceso de crecimiento del bambú?
Al plantar la semilla, pasan años sin que aparezca nada en la superficie. No hay tallo, no hay hojas, no hay señales externas que confirmen que no fue todo una pérdida de tiempo.
Haces TODO lo que debes hacer para ver resultados: lo riegas, le das sol, lo cuidas… y no pasa absolutamente nada. Durante los primeros 4 o 5 años, no existe nada visible que confirme lo que está sucediendo bajo tierra.
Algunos bambúes pueden crecer de 20 a 30 metros. Eso explica la necesidad de esos primeros 4 o 5 años. De forma invisible, las raíces se expanden horizontalmente, se entrelazan, se hacen cada vez más fuertes. Un bambú de ese tamaño no podría sostenerse sin esta base sólida.
Cuando por fin rompe la superficie, el bambú puede crecer más de 20 metros en apenas unas semanas. No porque haya crecido de la noche a la mañana, sino porque llevaba años preparándose para hacerlo.
Normalmente, esta analogía se utiliza con todas las acciones positivas de nuestra vida. Con todo lo que haces sin ver resultados aún.
Ir al gimnasio durante unos cuantos días no tendrá resultados visibles, pero después de 1 año, podrás parecer otra persona.
Ahorrar 100 pesos por semana no podrá parecer mucho, pero el interés compuesto en 20 años, puede crear riqueza generacional.
Leer y aprender un poco cada día no se nota al inicio, pero después de unos años, tu forma de pensar y decidir es otra.
Tengo que aceptarlo: me gustan este tipo de analogías, pero ¿qué tal si esto aplica también para todo lo malo?
Descuidar tu salud durante años casi nunca tiene consecuencias inmediatas… hasta que un día las tiene todas juntas.
Evitar conversaciones incómodas parece inofensivo, pero con el tiempo se convierten en distancias difíciles de cerrar.
Postergar decisiones importantes no duele hoy, pero acumula una factura que siempre te alcanza.
En el caso de mi papá, no fue una sola decisión la que lo trajo a este momento. Fueron años de silencios, de no priorizar su salud ni sus finanzas, de relaciones que se dejaron en pausa. Nada explotó de golpe. Simplemente, un día, el cuerpo y la vida cobraron todo al mismo tiempo.
Nada de lo que haces hoy es neutral. Cada conversación que tienes o evitas, cada decisión que tomas o postergas, cada hábito que repites, o dejas de repetir… todo es una semilla.
Lo bueno y lo malo crecen igual. Algunas cosechas llegan rápido. Otras tardan años. Pero siempre te alcanzan.
La pregunta no es si vas a cosechar algo. La pregunta es: ¿qué estás sembrando hoy?